27 enero 2018

Amazon: cuando la modernidad esconde un descomunal salto atrás

¿Se te olvidó la ensalada para la cena? No pasa nada, Amazon trae a tu casa los tomates y la lechuga en un periquete. Rápido, cómodo, un servicio impecable para esta sociedad de las prisas. Todas tus compras a golpe de click desde el sofá de tu casa. ¡El progreso en estado puro!, ¿o no?

Yo no compro en Amazon

Tuve claro que jamás lo haría después de leer un extenso artículo en el que se describía lo que hay detrás de este modelo de negocio (1).

Almacenes gigantescos, informatizados hasta niveles insospechados, en los que las personas son marionetas de un ballet tecnológico. Cada día recorren apresuradamente kilómetros entre inmensas hileras de estanterías; guiadas por escáneres que les indican dónde está la mercancía que buscan… para dirigirles inmediatamente a la siguiente.

Una moderna tecnología que, además de mantener bajo estricto control cada uno de los miles y miles de artículos, permite controlar cada movimiento de trabajadoras y trabajadores. Al fin y al cabo, dentro del almacén de Amazon las personas son una pieza del engranaje.

Empleo precario, bajos salarios, jornadas exhaustivas, mucho trabajo temporal… un modelo que las grandes marcas ya no solo utilizan en países empobrecidos, lejos de nuestra vista; lo han conseguido implantar –y lo que es peor, normalizar– en el corazón de la sociedad occidental.

El comercio local es otro perdedor en esta historia. A la competencia de las grandes superficies ha venido a sumarse el gigante que te lleva a casa todo lo que puedas imaginar.

Y también aparece en escena el cambio climático. El transporte incesante de todo tipo de artículos directamente a los hogares, aumenta las emisiones de CO2 a la atmósfera.

Eso sí, los paquetes y furgonetas de Amazon recorren el mundo esbozando una leve sonrisa. Intuyo que no es la de sus trabajadoras y trabajadores; será, quizás, la de su fundador, modélico y respetado empresario ¡Ah! y también multimillonario.

No, yo no compro en Amazon. Prefiero imaginar la sonrisa de las personas que producen lo que necesito y sonreir a quien me atiende en un comercio local. Prefiero ser parte de la corriente que está impulsando la transición ecológica y social que tanto necesitamos (2).

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  1. Amazon, el reverso de la pantalla. Investigación en los almacenes. Le Monde Diplomatique en español. Noviembre de 2013.
  2. Y alguna vez realizo alguna compra online. Pequeños negocios en los que encuentro artículos de más difícil acceso. La compra online es una herramienta muy buena, el problema surge con el modelo de negocio, la desmesura, el todo vale.