31 de enero de 2017


Cuesta creerlo, pero la comida se ha convertido en la primera causa de enfermedad: en nuestro país y en el resto del mundo, es un problema global. Una dieta inadecuada es el factor de riesgo que más problemas causa en nuestra salud y es responsable del 21% de las muertes evitables, concluía el macro estudio Coste mundial de la enfermedad, publicado en The Lancet en 2015.

¿Cómo ha cambiado tanto y tan rápido nuestra dieta? ¿Qué ponemos en nuestro plato?… Y sobre todo, ¿quién se está beneficiando con nuestra mala alimentación? Sólo la respuesta a estas preguntas nos marcará el camino de salida.

¿De qué enfermamos?

La alimentación insana está provocando un aumento espectacular de la obesidad, el sobrepeso, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y algunos cánceres. En el Estado español, puede atribuirse a la alimentación insana:
  • 40-55% de las dolencias cardiovasculares 
  • 45% de la diabetes  
  • 30-40% de algunos cánceres como los de estómago y colon 

Y ojo al dato, el 45,5% de niñas y niños de 6-10 años tienen exceso de peso. 

Un análisis pormenorizado de todo ello se encuentra en el informe Viaje al centro de la alimentación que nos enferma, de VSF-Justicia Alimentaria, del que proceden estos datos.

Alimentos procesados, ingredientes ocultos

La comida es, cada vez más, un producto industrial: alimentos procesados y ultraprocesados cargados de componentes insanos –útiles y baratos para la industria, pésimos para nuestra salud– han invadido nuestra dieta. El resultado es que comemos demasiada grasa (de mala calidad), demasiada sal y demasiada azúcar… y no lo sabemos

La mayor parte de la sal y del azúcar que ingerimos está oculta en los alimentos procesados. Sí, oculta, porque es imposible descifrar qué comemos por obra y gracia de un etiquetado confuso e ilegible, muy al gusto de la industria, pero que indigna a las organizaciones de consumidores.

Y esta misma industria alimentaria que ahorra en los ingredientes de sus productos a costa de nuestra salud, echa el resto en la publicidad con el objetivo de convertir en “normal” y hasta “saludable” una alimentación absolutamente insana. Si nos fiáramos de la publicidad, parecería que todo lo que comemos es natural y sano, pero la mitad de los anuncios de alimentos son de productos ricos en grasas, azúcares y sal

Con la globalización hemos topado

La globalización económica ha favorecido, al igual que en otros sectores productivos, la concentración empresarial. ¿El resultado? La comida que debería alimentarnos se ha convertido en un negocio controlado por un reducido número de grandes empresas. 

A pesar de que la Organización Mundial de la Salud lleva tiempo alertando de la situación y de que la propia OMS y otras instituciones internacionales, investigadores y organizaciones sociales ofrecen datos rigurosos y propuestas para revertir la situación… la poderosa industria alimentaria bloquea cualquier medida que pueda afectar a sus intereses, incluso aspectos tan básicos como el establecimiento de un sistema de etiquetado claro y transparente.

Campaña por una alimentación saludable

La alimentación insana es un problema estructural, no individual. Es por eso que no se resuelve con campañas de concienciación que fomenten una alimentación saludable, sino con políticas públicas que la hagan posible. Este es el objetivo de la campaña Dame Veneno, puesta en marcha por VSF-Justicia Alimentaria. Entre otras medidas, plantea:

  • Un etiquetado obligatorio que permita diferenciar fácilmente los alimentos sanos de los que no lo son.
  • Un control efectivo de la publicidad.
  • Una política fiscal encaminada a encarecer la alimentación insana y abaratar los productos sanos, ecológicos y de proximidad (desde el punto de vista de la salud no tiene ningún sentido que una Coca-Cola o un Kit-Kat tengan el mismo IVA que una manzana).
  • Eliminar la alimentación insana en los centros educativos y apoyar una alimentación saludable a través de la compra pública.

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